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LA COLUMNA DE LUIS FROYLAN CASTAÑEDAPor LUIS FROYLAN CASTAÑEDA, 2026-05-03 22:44:26
Durante seis años ató de manos al Ejército, impidiéndole actuar contra el crimen organizado. Durante seis años ejerció una política de protección a los criminales, permitiéndoles acrecentar sus reinos de terror en grandes franjas de territorio nacional. Durante seis años culpó a Calderón y a García Luna de la violencia en el país, ignorando que ya era su responsabilidad combatirla. Durante su gobierno usó a los cárteles de la droga como instrumentos electorales y financieros de campañas políticas, tendiendo sobre ellos un manto de impunidad. Los abrazos y no balazos era eje de sus políticas públicas, no un ingenuo estribillo de narrativa socarrona. Con esa convicción gobernó durante todo el sexenio e hizo del Estado Mexicano lo que asegura el gobierno de Donald Trump; un narcoestado. Las líneas que separaban a los jefes criminales de los gobernantes quedó suprimida, desde que Morena llegó al poder no existe distinción entre unos y otros. Son los mismos, una nueva clase de hombres y mujeres empoderados: “los narcogobernantes”. El caso de Rubén Rocha Moya, hoy gobernador con licencia de Sinaloa, tiene la mayor importancia porque deja expuesta la vocación criminal del régimen fundado por López Obrador y su vulnerabilidad frente a los Estados Unidos. Es el ejemplo más visible de una cadena bien estructurada de siniestros personajes morenistas encumbrados en la parte superior del Poder. Entre ellos otros gobernadores como Marina del Pilar, Américo Villareal, Alfredo Ramírez Bedolla, Alfonso Durazo y personajes a quienes colmó de poder como Adán Augusto López y Mario Delgado, senadores como Enrique Inzunza (señalado en el expediente Sinaloa), Javier Corral (el asesinato de Miroslava y su inacción contra el narco lo inculpan) y muchos más de igual catadura pero menor importancia. Todos, sin excepción, giran en torno a López Obrador. El expresidente es patriarca de este grupo político-criminal hoy, según diversos trascendidos, investigado por fiscales norteamericanos. ¿ignoraba el expresidente lo que sucedía en su entorno? Obviamente no, él estuvo entonces y sigue estando ahora en el centro de la conjura contra el país. Por que de eso se trata, la llamada cuarta transformación es una conjura criminal contra México, propósito en el cual su creador está empeñado. Es él quien da sentido y rumbo a la devastación nacional en la que usa como una herramienta más a los señores del narcotráfico. No estaba doblado ante los capitanes del crimen, los adoptó como parte activa de la pandilla, con derechos y privilegios de cómplices viejos. Por eso soltó a Ovidio, por eso visitó siete veces Badirahuato y les construyó una carretera, por eso profesaba respeto a la mamá del Chapo, por eso defendió como perro a Rocha Moya, cuando la crisis generada por el secuestro del Mayo. También por eso llevó a la entonces presidenta electa a Sinaloa, obligándola a ratificar el pacto narcogobernante, por eso enfureció cuando se llevaron al Mayo y pidió durante meses explicaciones que jamás recibió, por eso corrompió a la Marina (una de las instituciones más respetadas antes de su gobierno), poniendo a los almirantes donde podían hincharse, y se hincharon, de dinero. Así como en todo se asimiló con Hugo Chávez, también lo hizo en la construcción de la nueva clase narcogobernante. No hay originalidad en López Obrador, es un imitador meticuloso del fallecido tirano de Venezuela. Pero México no es Venezuela, a los intereses del gobierno norteamericano (del gobierno, no de Donald Trump o sus halcones) resulta inaceptable un régimen demagogo de perfil castro-chavista en su frontera sur. Está deshaciéndose de los tiranos en Cuba y Venezuela, ¿en qué piensan los demagogos mexicanos al suponer que pueden instalarse contra el país más poderoso del mundo que tenemos por Vecino?. El rechazo a su fantasiosas pretensiones de crear un nuevo régimen se los hicieron sentir desde Biden, recordemos que vinieron por el Mayo cuando todavía gobernaba el demócrata. Ahí están los orígenes de la crisis que hoy sufre la presidenta Sheinbaum, la inició Biden y la sigue puntual Trump, presidentes de dos partidos distintos. Es el Estado Norteamericano frenando los delirios tiránicos de un hombre que soñó con fundar la cuarta república mexicana y colocar su nombre junto a los héroes de la historia, así tuviese que sacrificar varias generaciones de mexicanos. En ese despropósito narcisista, López Obrador dejó sin alternativas a la presidenta. Por más envuelta en la falsa soberanía con que amaneció la mañanera posterior a la bomba soltada en Sinaloa, entendió que mantener la protección daba el pretexto que necesita Trump para intervenir en territorio nacional. ¿Cómo se vería con el famélico estribillo de “colaboración si, subordinación no”, si los marines vienen por Rocha Moya y los otros nueve señalados?. Obligándolo a pedir licencia intenta salvar su presidencia o por lo menos ganar tiempo, en lo que logra poner distancia de quien lastra su gobierno, el afincado en Palenque. De momento no puede, está muy debilitada. Por eso descuidó las formas cuando acudió sin disimulo a Palenque. Necesita rendirle cuentas o pedir consejo. De alguna manera sufre el síndrome de Estocolmo, en vez de alejarse y ponerse a salvo del secuestrador, en cada crisis sale corriendo a sus pies. Qué indignidad de la primer presidenta en la historia del país. Es su caso una paradoja; mientras ella se mueve intentando calmar la furia de López Obrador, objetivo mayor de la política intervencionista, más presión recibe de los Estados Unidos. El tiempo ya se le acabó, el margen de maniobra también. Con Rocha Moya, el narcogobernante más visible de Morena, empezó la decadencia del sistema criminal que instauró López Obrador en octubre del 2018. O rompe Sheinbaum la cadena de complicidades o de Sinaloa sigue Tamaulipas, Michoacán, Sonora, Baja California. No tienen opción y me da gusto, en menos de ocho años esta pandilla de criminales ha hecho un daño terrible al país. Aquí dejo el apunte, con dedicatoria a todos los tontos útiles que siguen soñando con que Morena ganará las próximas elecciones sin oposición. Rompeolas La propaganda del régimen e incluso los instrumentos de justicia a su servicio querrán usar a Maru Campos como moneda de cambio por Rocha Moya. Fracasarán, aquellos son narcos conocidos y para el interés de los Estados Unidos narcoterroristas. El pecado de Maru es combatirlos, con el caso específico del megalaboratorio destruido. Entiendan, no les da, querer crucificar a una gobernadora por combatir a las narcotraficantes es demencial. Al contrario, acusándola ratifican que su compromiso está con el crimen, no con la sociedad.
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