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ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA: EL FRUSTRADO MILAGRO CHIHUAHUENSE. 1.ª DE 3 PARTESPor LUIS VILLEGAS MONTES, 2026-03-23 01:16:58
El fin de semana vi tres películas que en realidad son una sola y la llamaré: Miracle in Cell No. 7; película coreana dirigida por Lee Hwan-kyung, cuyo argumento es muy sencillo, casi primitivo en su eficacia: un hombre con discapacidad intelectual es acusado falsamente del asesinato de una niña y enviado a prisión; allí, los reclusos terminan protegiéndolo y ayudándolo a mantener el vínculo con su pequeña hija. Aunque no la vi en ese orden: primero vi la versión mexicana protagonizada por Omar Chaparro,[1] luego la turca[2] y al final la coreana, la original.[3] Me gustaron horrores y hasta una moqueadita eché. No voy a explicar por qué funciona (inocencia primigenia, paternidad amorosa e injusticia judicial), tres resortes universales que, bien manejados, provocan una reacción emocional inmediata; ni por qué razón me gustó más la versión turca; ni por qué, aunque la mexicana es malísima —por culpa del guion—, la actuación de Omar Chaparro me encantó; ni por qué me caían mal, muy, muy mal, Chaparro y otro paisano, Chumel Torres, y ahora soy súperfan de los dos. Sería muy largo de explicar y traicionaría el propósito de estos párrafos; mejor haga lo que siempre sugiero que haga cuando escribo este tipo de cosas: juzgue por usted mismo; cómprese su cocota, su bolsón de palomitas y a darse gusto. Para centrar el debate debo hacer una postrera referencia a la película: la historia funciona mejor cuando el espectador cree que el sistema judicial, en general, es razonablemente justo y, en ese contexto, el error judicial aparece como una anomalía monstruosa, una desviación intolerable del orden normal. Ese supuesto implícito explica por qué el relato conmueve tanto en Corea, por ejemplo; y explica también por qué la adaptación mexicana tropieza y por qué resultaba indispensable trabajar el guion con “pincitas”. México es un país donde una parte considerable de la opinión pública asume —con razón o sin ella— que el sistema de justicia funciona mal con demasiada frecuencia. En ese contexto, la premisa pierde su carácter extraordinario porque el espectador ya no piensa: “Qué horror que algo así pueda suceder”; más bien piensa: “Sí, eso pasa”. La película pierde de esa forma una parte esencial de su fuerza dramática. Claro ejemplo de lo anterior, del pésimo sistema de justicia, es una de las entrevistas más lamentables, tontas e impúdicas que he visto en mi vida. El viernes 6 de marzo, en las instalaciones del Tribunal de Disciplina (TdD), el inefable “Paquito” Acosta en una más de sus intervenciones, entre un montón de barbaridades y más allá de la pésima y ridícula definición de “medida cautelar”, hizo una serie de declaraciones —que hacen que merezca ser corrido de inmediato por cínico e incompetente— como son las siguientes: “de manera contundente, de manera… absolutamente empática con una problemática social y con una situación que se nos denunció y con un problema social grave, como es la cuestión que defienden los colectivos en este tipo de temas, el Tribunal de Disciplina se suma a este tipo de causas, porque son causas que nos duelen a todos, en esos términos, por supuesto que no vamos a permitir, bajo ninguna circunstancia, que ninguna autoridad, del Poder Judicial, vaya más allá de sus determinaciones sin que podamos aplicar este tipo de instrumentos”.[4] Continuará… Contácteme a través de mi correo electrónico o sígame en los medios que gentilmente me publican, en Facebook o también en mi blog: https://www.luisvillegasmontes.com Luis Villegas Montes. [email protected], [email protected]
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