MÉXICO | POBREZA VS HAMBRE
Por Agencias, 12/11/2025 02:45
Entre 2018 y 2024 se observa un avance en la reducción de las dificultades alimentarias por falta de dinero o recursos en los hogares mexicanos. En términos generales, la proporción de hogares que enfrentaron al menos una dificultad pasó de 46.6% (16.0 millones) a 33.1% (12.9 millones), lo que representa una disminución de más de 13 puntos porcentuales. Este cambio sugiere una mejora en las condiciones de acceso a los alimentos, posiblemente vinculada a un mejor desempeño económico promedio de los hogares.
En lo que respecta a dificultades alimentarias, en el 2024, el 56.8% de la población en situación de pobreza multidimensional y 27.3% de la población que no está en situación de pobreza, reportó que, en los últimos tres meses, por falta de dinero o recursos, en su hogar se presentó al menos una dificultad para satisfacer sus necesidades alimentarias.
Si se consideran métricas de adultos relacionadas con pasar hambre en el hogar, en 2024, aunque se registran avances, persisten problemáticas ya que en 9.6% de los hogares, al menos una persona reportó haber sentido hambre sin poder comer, y en 6.9%, algún adulto comió sólo una vez al día o dejó de comer durante todo un día, ambas situaciones derivadas de la falta de dinero o recursos.
Existe una proporción de la población que, aun sin encontrarse en condición de pobreza, declaró haber estado en hogares con dificultades relacionadas con el hambre por falta de dinero o recursos. En 2024, el 5.1% de la población que no está en condición de pobreza se encontró en hogares que se quedaron sin comida; el 5.8% en hogares donde alguna persona adulta dejó de desayunar, comer o cenar; y 10.5% en hogares dónde alguna persona adulta comió menos de lo que pensaba que debía comer, debido a falta de dinero o recursos.
Entre la población que habitaba hogares con menores de edad, en 2024, el 22.7% de la población en situación de pobreza reportó que, por falta de dinero o recursos, algún menor dejó de comer total o parcialmente, mientras que esto ocurrió en 7.6% de la población que no se encontraba en pobreza.
Los datos muestran que, por un lado, existe una proporción de la población que pasa hambre sin encontrarse en situación de pobreza y, por otro, que no todas las personas en situación de pobreza experimentan hambre. Esto podría poner a debate sobre si, metodológicamente, dentro de la evaluación de la pobreza, vale la pena incorporar la dimensión del hambre como un componente más sensible dentro de la inseguridad alimentaria.
Cuando se piensa en la pobreza generalmente se asocia con la falta de recursos económicos. Sin embargo, esta concepción resulta limitada si no se considera para qué se requiere dicho dinero y qué aspectos de la vida se ven afectados por su ausencia. En México, se ha adoptado una definición de pobreza multidimensional, que reconoce que una persona en situación de pobreza no sólo enfrenta insuficiencia de ingresos, sino también carencias sociales.
De acuerdo con esta definición, una persona se considera en situación de pobreza cuando se cumplen dos condiciones:
No cuenta con los recursos suficientes para adquirir los bienes y servicios necesarios para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias, conforme a un valor monetario denominado Línea de Pobreza por Ingresos (el ingreso de una persona es inferior a esta línea de pobreza).
Presenta al menos una de las siguientes seis carencias sociales: rezago educativo; carencia por acceso a los servicios de salud; carencia por acceso a la seguridad social; carencia por calidad y espacios de la vivienda; carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda; y carencia por acceso a una alimentación nutritiva y de calidad.
El objetivo de esta nota es analizar la relación entre el hambre y la población en situación de pobreza en México. En este caso, se considera el hambre, visto desde el punto de vista de falta de alimentos (FAO, 2019; Sibián, 2009; Webb et al, 2018). Conceptualmente, se esperaría que ambas condiciones (pobreza y hambre) estén estrechamente relacionadas (Banco Mundial, 2024), ya que una persona en situación de pobreza tiene mayor probabilidad de experimentar hambre debido a la falta de dinero o de recursos. O en su defecto, resulta complicado imaginar a una persona que no se encuentre en situación de pobreza, pero padezca hambre por insuficiencia de recursos.
¿Cómo se incorpora esta relación pobreza-hambre en la metodología para la medición de la pobreza multidimensional? La metodología (Coneval, 2019) considera dos elementos relacionados con la alimentación: Carencia por acceso a alimentación nutritiva y de calidad, y una línea de pobreza por ingreso que representa el valor de una canasta de bienes y servicios que satisface tanto necesidades alimentarias, como no alimentarias.
En cuanto a la carencia por acceso a una alimentación nutritiva y de calidad, esta se mide a partir de dos componentes: 1) Inseguridad alimentaria y 2) Limitación en el consumo de alimentos. Para que una persona presente esta carencia, debe de tener inseguridad alimentaria moderada o severa, o en su caso presentar limitación en el consumo de alimentos. Este último indicador no se ahonda, pero tiene que ver con la construcción de dietas basadas en el consumo de ciertos alimentos (maíz, frutas, leche, etc.).
Para medir la seguridad alimentaria, se utiliza información proveniente de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), la cual incluye un módulo con preguntas orientadas a identificar si, durante los últimos tres meses, el hogar enfrentó dificultades para acceder a alimentos por falta de dinero o de recursos. Dichos recursos pueden incluir tanto medios monetarios como no monetarios; por ejemplo, la producción para autoconsumo, el trueque o los apoyos alimentarios provenientes de instituciones públicas o privadas. Cabe señalar que, tanto los desastres naturales, como problemas de mercado, como falta de oferta, podrían ser factores que pudieran influir en la inseguridad alimentaria y también el hambre.
Este módulo se estructura en tres apartados, que pueden clasificarse de la siguiente manera (véase el Anexo 1 para las preguntas textuales y su síntesis utilizada en las gráficas):
Seis preguntas para identificar las dificultades para satisfacer necesidades alimentarias en el hogar. Dentro de estas preguntas hay tres relacionadas con que alguien del hogar dejó de comer parcial o totalmente por no tener dinero o recursos, lo que sugeriría que pasó hambre: se quedaron sin comida (pregunta 2, p2), alguna persona adulta dejó de desayunar, comer o cenar (p5) y alguna persona adulta comió menos de lo que piensa que debía comer (p6).
De los que presentaron al menos una dificultad, se aplican tres preguntas relacionadas con los adultos, dos de ellas tienen que ver con dejar de comer total o parcialmente: Adulto que sintió hambre, pero no comió (p7) y adulto que comió una vez al día o dejó de comer todo un día (p8).
De los que presentaron al menos una dificultad, se les hace siete preguntas relacionadas con los menores de 18 años, cinco de ellas relacionadas con dejar de comer total o parcialmente: Menor que comió menos de lo que debía (p12), menor con cantidad disminuida de comida (p13), menor con hambre insatisfecha (p14), menor que se acostó con hambre (p15) y menor que dejó de comer (p16).
Con la información anterior, se construyen grados de inseguridad alimentaria, para ello, primero se diferencian hogares con menores de edad (menos de 18 años) y hogares sin menores. Para que exista inseguridad alimentaria moderada o severa en hogares sin menores de edad, algún adulto, por falta de dinero o recursos, al menos debe tener tres o más de alguno de los siguientes problemas: no tuvo una alimentación variada (p4); dejó de desayunar, comer o cenar (p5); comió menos de lo que debería comer (p6); se quedaron sin comida (p2); sintió hambre, pero no comió (p7); o hizo solo una comida o dejó de comer durante todo el día (p8).
En el caso de hogares donde habitan menores de edad, deben de existir 4 o más problemas relacionados con las 6 preguntas anteriores más otras 6 específicamente relacionada con los menores: no tuvieron una alimentación variada (p11); comieron menos de lo necesario (p12); se les disminuyeron las cantidades servidas en la comida (p13); sintieron hambre, pero no comieron (p14 y p15); o hicieron una comida o dejaron de comer durante todo el día (p16). Nótese que el concepto de inseguridad alimentaria considera en su medición tanto la falta de alimentos (hambre) como las limitaciones en su acceso, disponibilidad o calidad nutricional.
Finalmente, es importante señalar que, por construcción metodológica, puede existir población (en pobreza o no) que no presente carencia por acceso a la alimentación, pero que sí enfrente dificultades para alimentarse total o parcialmente por falta de dinero o recursos, es decir, que haya respondido afirmativamente al menos a una de las preguntas relacionadas con el hambre.
En 2024, aproximadamente el 8.0% de los hogares en México reportó que al menos un adulto se quedó sin comida o dejó de desayunar, comer o cenar debido a la falta de dinero o recursos.
Entre 2018 y 2024, se registra un avance en la reducción de las dificultades de acceso a alimentos en los hogares. De manera general, el número de hogares que enfrentaron al menos una dificultad alimentaria por falta de dinero o recursos pasó de 46.6% (16.0 millones) a 33.1% (12.9 millones), lo que representa una disminución de más de 13 puntos porcentuales. Este cambio posiblemente esté asociado a diferentes acciones como son mejoras del ingreso de los hogares, expansión o efectividad de programas sociales, precios de alimentos relativamente más accesibles, entre otras cosas.
La principal dificultad que tuvieron los hogares en ambos años, está relacionada con que, en los últimos tres meses, por falta de dinero o recursos alguna vez la persona entrevistada se preocupó de que la comida se acabara, en el 2018 fueron 41.0% de los hogares y 29.2% en 2024.
En lo que tiene que ver con las problemáticas asociadas a que, por falta de dinero o recursos, en los hogares se haya tenido que reducir el consumo de alimentos (los que se quedaron sin comida, dejaron de comer alguna vez o consumieron menos de lo que esperaban), se observan diferentes cosas:
En conjunto, los tres indicadores muestran que hay menos hogares con esta problemática desde 2018 hasta 2024.
De los tres indicadores, el de mayor problemática es el de que por falta de dinero o recursos, alguna persona adulta comió menos de lo que pensaba que iba a comer. Pasó de 8.0 millones de hogares en 2018 (23.4%) a 5.6 millones de hogares en 2024 (14.5%).
En 2024, aproximadamente el 8.0% de los hogares en México reportó que al menos un adulto se quedó sin comida o dejó de desayunar, comer o cenar debido a la falta de dinero o recursos.
En 2024, aunque se registran avances, persisten problemáticas alimentarias entre la población adulta: en 9.6% de los hogares, alguna persona sintió hambre, pero no comió; y en 6.9%, algún adulto comió sólo una vez al día o dejó de comer durante todo un día, ambas situaciones derivadas de la falta de dinero o recursos.
Respecto a los indicadores relacionados con las personas adultas, entre 2018 y 2024 se observa una reducción de 5.4 puntos porcentuales en los hogares donde, por falta de dinero o recursos, alguna persona adulta sintió hambre, pero no comió: de 5.1 millones de hogares (14.9%) en 2018 pasó a 3.7 millones (9.6%) en 2024. A pesar de este avance, la situación aún afecta a cerca del 10% de los hogares en México, lo que evidencia que persiste esta problemática como un desafío relevante.
Por otro lado, en 2018 había 3.7 millones de hogares (10.9% del total de hogares) que, por falta de dinero o recursos, alguna persona adulta comió solamente una vez al día o incluso dejó de comer por todo un día. Este número se redujo en 2024 a 2.7 millones (6.9% que significa un avance de 4.0 puntos porcentuales).